¿Puedo presentarte?

“Te quie­ro tan­to que incluso sacri­fi­ca­ría mi vida por ti”, así es como se descri­be a sí mis­ma la per­so­na que me gusta­ría pre­sentar­te aquí. Y lo espe­cial es que lo hace sin nada a cam­bio. Aun­que no se sien­ta cor­re­spon­di­da. ¿Es eso posi­ble? Pare­ce muy poco rea­lis­ta. Por supues­to, mucha gen­te hab­la de ello y te pro­me­te el cie­lo azul. Pero, ¿cuan­do real­men­te lle­ga el momen­to? ¿Cuan­do la cosa se pone real­men­te seria? ¿Te enf­ren­tas a la disyun­ti­va de sal­var tu pro­pia vida o la de la otra per­so­na (a la que pue­de que ni siquie­ra le gus­tes)? Lle­gué a cono­cer de ver­dad a esta per­so­na y expe­ri­men­té que hab­la­ba en serio: Su nombre es Jesús. Qui­zá ya hayas oído hab­lar de él. Tal vez te hayas forma­do una idea de él o lo hayas des­car­ta­do como un buen tipo des­de ante­ay­er. Pero, ¿puedo invit­ar­te a que vuel­vas a cono­cer­le sin reser­vas? Por supues­to, hay una gran dife­ren­cia ent­re oír sólo algu­nas cosas sob­re él o lleg­ar a cono­cer­lo per­so­nal­men­te. Pero hab­la­re­mos de ello más adel­an­te. En pri­mer lugar, he aquí algu­nos pun­tos sob­re por qué creo que real­men­te es “la per­so­ni­fi­ca­ción del amor”:

  • Cum­plió su pro­pia pro­me­sa sacri­fi­can­do su vida por noso­tros, los huma­nos.
  • toda­vía hoy man­tiene sus much­as pro­me­sas
  • Siemp­re tiene un oído abier­to y respon­de a nuestras ora­cio­nes.
  • No nos da la espal­da ni siquie­ra cuan­do noso­tros lo hace­mos.

1. cum­plió su pro­pia pro­me­sa y sacri­ficó su vida por noso­tros, los huma­nos.

No fue ine­spe­ra­do para él. No fue víc­ti­ma de una con­spi­ra­ción ni de los idea­les que pre­di­ca­ba. Sacri­ficó deli­be­rad­amen­te su vida por ti y por mí. ¿Por qué? Por­que era la úni­ca for­ma de que pudié­ra­mos vol­ver a tener una rela­ción con Dios, nues­tro Cre­a­dor. Pero, ¿por qué era eso tan importan­te para él? ¿Por qué íba­mos a nece­si­tar una rela­ción con Dios? (apar­te de la cues­tión de si exis­te. Pue­des saber más sob­re esto aquí) Por­que los huma­nos viv­i­mos en un mun­do que ha ren­un­cia­do a Dios. Los huma­nos, con­sci­en­te o incon­sci­en­te­men­te, le hemos dado la espal­da. Y vemos los efec­tos de esto en las noti­ci­as, a nues­tro alre­de­dor y, si somos sin­ce­ros, en noso­tros mis­mos: Egoís­mo, luch­as, malos pen­sa­mi­ent­os, rela­cio­nes rotas, inju­s­ti­cia y explot­ación de las per­so­nas, así como enfer­me­dad y muer­te. Con todo este baga­je, nun­ca pod­re­mos acer­car­nos a Dios. No pod­rí­a­mos soport­ar su pure­za. Aquí en esta vida y en nues­tra vida eter­na des­pués de la muer­te. La con­se­cuen­cia sería la sepa­ra­ción eter­na de nues­tro Cre­a­dor. Lo peor de esto sería que ten­drí­a­mos que pasar nues­tra etern­idad sin Dios, lo que sería aún peor que el “infier­no en la tier­ra”, pues no hab­ría espe­ran­za, ale­gría ni cami­no de vuel­ta. Pero es pre­ci­sa­men­te de esta “muer­te eter­na” de la que Jesús qui­so sal­var­nos a los huma­nos. Al mor­ir en la cruz, se dejó cas­ti­gar por nues­tros actos y pen­sa­mi­ent­os erró­ne­os y los car­gó literal­men­te sob­re sí. Por eso, todo el que le lle­va su basu­ra y la des­car­ga en él pue­de expe­ri­men­tar el per­dón com­ple­to y un nue­vo comien­zo con Dios. Esto libe­ra y el per­dón de Dios se apli­ca a par­tir de este momen­to y por toda la etern­idad. Esto nos despe­ja el cami­no para acer­car­nos de nue­vo a Dios y per­mi­tir­le con­sci­en­te­men­te que rei­ne en nuestras vidas. Cuan­do hice esta invita­ción a Jesús, me inva­dió una ver­dade­ra ale­gría y una pro­fun­da paz. A par­tir de ese momen­to, supe que Jesús estaba real­men­te allí y, des­de enton­ces, cami­na con­mi­go por la vida. Esto tiene con­se­cuen­ci­as prác­ti­cas.

Pero, ¿cómo pue­de venir a nuestras vidas algu­i­en que ya ha muer­to? Bue­na preg­un­ta. Por­que no per­ma­neció en la tum­ba, sino que resu­ci­tó al cabo de tres días. Eso sue­na bastan­te increí­b­le. “¿Hay algu­na prueba de ello?”, te preg­un­t­arás pro­ba­blem­en­te. Much­as fuen­tes his­tóri­cas con­fir­man la resur­rección de Jesús. El ex ateo y crí­ti­co bíb­li­co Josh McDo­well que­ría demo­strar con su inves­ti­ga­ción sob­re la cues­tión de la resur­rección que Jesús no podía haber resu­ci­ta­do de ent­re los muer­tos y que la Biblia no podía ser cier­ta. Pero en lugar de ello des­cu­brió cosas asom­bro­sas, que publicó en su libro“El Hecho de la Resur­rección” (ver­sión PDF de lib­re acce­so). [inser­tar enlace — botón al PDF aquí]

2. toda­vía hoy man­tiene sus much­as pro­me­sas

Por ejem­plo, ha pro­met­ido que nos dará una paz que el mun­do no pue­de dar (cf. La Biblia: Juan 16 ver­sí­cu­lo 33). Una paz sob­re­na­tu­ral, por así decir­lo, que es inde­pen­di­en­te de las cir­cuns­tanci­as externas. Incluso cuan­do la tor­men­ta arre­cia a tu alre­de­dor o los desafí­os de la vida amen­a­zan con abrum­ar­te. Él da esta paz a quie­nes buscan su pre­sen­cia. A veces tene­mos que ent­re­gar­le pri­me­ro nuestras preo­cu­p­a­cio­nes y tem­ores para que esta paz pueda sen­tir­se. Pero si le per­mi­timos que nos libe­re de nuestras preo­cu­p­a­cio­nes, vuel­ve la paz inte­ri­or que vie­ne con su pre­sen­cia.

3. siemp­re tiene un oído abier­to y respon­de a nuestras ora­cio­nes.

Se toma en serio su pro­me­sa de que pode­mos acu­dir a Él cuan­do suf­ri­mos bajo la car­ga de la vida coti­dia­na. Él está ahí y escu­cha, aun­que no poda­mos ver­le. Pode­mos hab­lar con él como quer­amos y tam­bién de lo que nos preo­cu­pa. De todos modos, Él ya lo sabe. Por­que nos cono­ce a fon­do y se ale­gra cuan­do acu­di­mos a él con nuestras preo­cu­p­a­cio­nes. Y respon­de. No siemp­re de la for­ma que dese­a­rí­a­mos o espe­r­a­rí­a­mos. Pero a menu­do nos sor­pren­de con sus respues­tas y nos mues­tra una per­spec­ti­va mucho más amplia. Yo tam­bién lo he expe­ri­men­ta­do per­so­nal­men­te: mi gran amor.

Por cier­to: Si eres de los que dis­f­rut­ab­an jugan­do con la máqui­na de chic­les cuan­do eran niños: Jesús no es una máqui­na de dese­os. En la línea de “mone­da de ora­ción den­tro, chic­le fuera”. No se deja encer­rar en nues­tra visión, a menu­do uni­la­te­ral, de las cosas. En lugar de eso, nos mues­tra nue­vos hori­zon­tes y los que con­fí­an en él no qued­arán decep­cio­na­dos.

4. no nos da la espal­da aun­que noso­tros lo haga­mos.

Si lo hubiera hecho, hab­ría des­car­ta­do al mun­do hace mucho tiem­po. Innu­me­ra­bles expe­ri­en­ci­as de per­so­nas que han sido com­ple­ta­men­te des­car­ta­das por los demás dan tes­ti­mo­nio de ello: Yon­quis, delin­cuen­tes, alcohó­li­cos… Haz clic aquí para cono­cer sus his­to­ri­as rea­les.

Si quie­res cono­cer mejor a Jesús, lee el rela­to del tes­ti­go ocu­lar Juan, que via­jó con él por la tier­ra duran­te tres años: Juan.

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